La gracia para rendirme

Mi gracia es suficiente

2 Corintios 12:8-10 (NIV)
Tres veces le rogué al Señor que me lo quitase. Pero él me dijo: “mi gracia es suficiente para ti, porque mi poder se hace perfecto en la debilidad”. Por lo tanto, me jactaré con más alegría sobre mis debilidades, para que el poder de Cristo descanse sobre mí. Por eso, por amor de Dios, me regocijo en las debilidades, en los insultos, en las penurias, en las persecuciones, en las dificultades. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

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Creo que es interesante que cuando venimos a Cristo venimos porque Dios en su misericordia amorosa nos ha revelado nuestra desesperanza.

  • No podemos pagar nuestra deuda de pecado
  • No podemos forzar nuestro camino hacia el cielo
  • No podemos forzar nuestro camino hacia la presencia de Dios
  • No podemos transformar nuestras vidas

Sólo Dios puede.

Cuando primero venimos a él venimos completamente rendidos.

Tuvimos que rendirnos a la realidad de que él es nuestra única esperanza. No hay nada que podamos hacer en nuestra propia fuerza. Y luego comenzar un camino de confianza diaria que es sólo por su gracia que podemos vivir una vida Santa y agradable ante Dios.

Así es como empezamos.

Pero en algún momento, parece que nos desviamos de ese camino. Gradualmente volvemos a la misma forma de pensar—puedo hacer esto en mi propia fuerza.

Es por eso que Pablo le rogó a Dios tres veces para que le quitara su “espina en la carne “. ¿Qué era esa espina en la carne? La Biblia no nos da la respuesta. Y creo que lo hace con la intención de que lo apliquemos a nuestra vida—a nuestra “espina en la carne “.

Si alguna vez has tenido una espina en tu dedo sabes que tu primera reacción es sacarla. La mayoría de veces no puedes hacerlo por tu cuenta. Necesitas la ayuda de algo como pinzas.

Lo mismo con una espina espiritual en la carne. Quieres que se vaya. Pero no puedes deshacer te de él por tu cuenta. Necesitas la ayuda de algo o mejor dicho alguien.

Entonces, ¿Cómo Lidia Dios con nosotros en esos momentos de “espina en la carne”?

A veces quita la espina, pero a menudo la deja allí.

¿Porqué?

Pablo nos dice muy claramente.

“Por lo tanto, me jactaré con más alegría acerca de mis debilidades, para que el poder de Cristo descanse sobre mí”

Estas espinas tienen una manera de acercarnos a Dios. Nos hacen depender de él y mirarlo con la misma desesperanza que teniamos cuando le entregamos nuestras vidas por primera vez.

Pablo tenía mucho de que jactarse. Probablemente suficientes elogios y logros para jactarse el resto de su vida. Pero en cambio, se jactaba de sus debilidades porque en ellas vivía a través del poder de Cristo y no de los suyos.

En nuestros momentos de “espina en la carne” nos da la gracia de entregar nuestra voluntad a la suya. Recibimos gracia para depender de él en vez de nosotros mismos. Todos los días nos despertamos para recibir la gracia que él tiene para nosotros ese día. Y lo hacemos hoy, mañana, y siempre.

Somos salvados por la gracia a través de la fe y vivimos cada día por la gracia a través de la fe.

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