Una bofetada en la mano no es suficiente

Lo que merecemos

Efesios 2:2-3 (ESV) en el cual caminaste una vez, siguiendo el curso de este mundo, siguiendo al príncipe del poder del aire, el espíritu que ahora está obrando en los hijos de la desobediencia — entre los cuales todos vivimos una vez en las pasiones de nuestra carne , llevando a cabo los deseos del cuerpo y de la mente, y eran por naturaleza hijos de ira, como el resto de la humanidad. 
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Foto de it’s me Siam en Pexels.com

Eres peor de lo que crees. Hay un mal dentro de nosotros que es mayor de lo que  quisiéramos admitir. Todos sabemos que hay una oscuridad interior que si no se controla destruiría todo en su camino.

El mal está en nuestra naturaleza.

Y esta misma naturaleza es lo que nos ha hecho pecar contra Dios. Y Dios es el mayor obstáculo en nuestro camino. Él es el que ha establecido límites que nos impide conseguir lo que queremos. Así que lo maldecimos, lo negamos, lo rechazamos, lo ignoramos, nos burlamos de él, y anhelamos que se aleje para que no haya nada que moleste nuestra conciencia.

Este crimen que hemos cometido no es uno pequeño.

No es como ser multado por exceso de velocidad o no pagar sus impuestos—es una ofensa mucho más grande. Y una bofetada en la mano no es suficiente.

¡Cuidado! Aquí viene nuestro pecado apareciendo su cabecita fea otra vez. Nuestro orgullo no cree que mereze el castigo y si lo hace, cree que sólo debemos recibir una bofetada en la mano.

¿Porqué?

Porque el orgullo dice que no somos tan malos, especialmente en comparación con algunas personas que conocemos. Y quiero notar que eso es un acto pecaminoso de juzgar y comparar.

Pero hemos pecado contra un Dios infinitamente Santo y por eso nuestro castigo de ser comparable—de infinita proporción.

La muerte eterna y la separación del ser perfecto más hermoso, y amoroso—Dios Nuestro padre celestial. Eso es lo que merecemos. Pero eso no es lo que hemos recibido.

Lo que recibimos en lugar

Efesios 2:4-5 (ESV) pero Dios, siendo rico en misericordia, por el gran amor con el que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestras ofensas, nos hizo vivos junto con Cristo — por gracia habéis sido salvados —

Nuestro pecado es mayor de lo que pensamos y somos peores de lo que jamás admitiremos. Pero su gracia es más dulce, más grande, alcanzando más haya de lo que podamos imaginar, más que cualquier cosa que hagamos o digamos. La sangre  preciosa de Jesucristo cubre todo tu y mi pecado por toda la eternidad.

Así que en lugar de eso, hemos recibido la paciencia misericordiosa de un Dios que espera que se arrepienta una raza humana pecaminosa y pueda ser adoptado en la familia de Dios. Hemos recibido un Salvador amoroso que ha elegido tomar nuestra muerte, pecado y la ira de Dios en sí mismo y dar su justicia a cambio.

Una bofetada en la mano no es un castigo apropiado por lo que hemos hecho y no es un pago amplio ante un Dios infinitamente Santo. Pero la sangre derramada de Jesucristo el hijo perfecto sin pecado de Dios es.

Y Dios, en su incesante amor, nos lo da con voluntad—en lugar de ira, conseguimos un favor libre y no merecido con Dios.

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